INACTIVIDAD FÍSICA, EVOLUCIÓN Y ENFERMEDADES DEL SIGLO XXI

 

Existe la hipótesis de que la inactividad física podría ser considerada como un comportamiento seleccionado por la evolución para descansar y recuperarse para estar preparado en situaciones de peligro para la vida, es decir, como algo que nuestro cuerpo nos reclama para asegurar que se recupera para cuando haya que huir e peligros. Roos y colaboradores, informaron que el comportamiento sedentario es en parte hereditario. Los factores genéticos (es decir, heredabilidad) explicaron el 31% del tiempo dedicado al comportamiento sedentario. Nos podemos plantear la siguiente cuestión:
¿Existe una base evolutiva para explicar la inactividad física? y si es así, ¿cuánta inactividad física fue seleccionada por la evolución? Una respuesta a esta pregunta es del antropólogo Lieberman. Su argumento era que las limitaciones ancestrales en la ingesta calórica diaria (falta de alimentos) en poblaciones de cazadores-recolectores condujo a un comportamiento sedentario o de descansos durante una parte del día, para así ahorrar calorías. Lieberman también sostiene que la evolución nunca tuvo la oportunidad de desarrollar protecciones contra la inactividad física y sedentarismo crónico, lo que llevaría a la aparición de enfermedades crónicas.

Así pues, se podría pensar que existen genes para la inactividad física.

El modelo de patrones de actividad física humanos no se estableció en gimnasios, campos de fútbol o laboratorios de fisiología del ejercicio, sino que fue instaurado por la selección natural, actuando a lo largo de miles de años de experiencia evolutiva. La evolución por si sola ha determinado el potencial del rendimiento humano contemporáneo para los que se seleccionó originalmente nuestra biología genéticamente determinada. Desde la aparición del género Homo, hace más de 2 millones de años, hasta que la revolución agrícola de hace unos 10.000 años, nuestro genoma que determina la anatomía y fisiología básica se ha mantenido relativamente sin cambios. Por lo tanto, los requisitos de actividad física para los seres humanos actuales sigue siendo muy similar a la que originalmente fue seleccionada por si misma.

Una gran parte de los problemas de salud en culturas modernas son debido a los patrones de actividad física que son profundamente diferentes de aquellos para los que estamos adaptados genéticamente. El entorno natural ancestral en el que nuestro genoma actual se forjó a través de la selección natural, se dotaba de un gran gasto energético diario en una gran variedad de movimientos físicos. Nuestros genes que fueron seleccionados por el presente medio natural permitieron a nuestros antepasados sobrevivir y prosperar, lo que lleva a un estilo de vida muy vigoroso. Este cambio brusco de un estilo de vida muy exigente físicamente en escenarios al aire libre naturales, por un estilo de vida inactivo, está en el origen de muchas de las enfermedades crónicas generalizadas que son endémicas en nuestra sociedad moderna.

La respuesta lógica por tanto, sería replicar el patrón de actividad física nativo en la medida en que esto es factible y práctico. En una típica persona inactiva, la actividad física diaria optimizará la expresión génica y ayudaría a conferir un estado de salud robusta, tal y como fue disfrutado por nuestros ancestros los cazadores-recolectores, en su hábitat natural.
Hoy en día, las máquinas y otras tecnologías han sustituido gran parte de la actividad física que induce la expresión génica óptima para el metabolismo energético.

Ahora hay pruebas abrumadoras de que la actividad física regular tiene beneficios importantes y de amplio alcance para la salud. Estos van desde la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, como enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer hasta mejorar la función y la preservación de la función con la edad, ya que la actividad física retrasa el deterioro cognitivo y es óptima para la salud del cerebro, además de tener amplios beneficios para el resto del cuerpo. Actualmente nuestra sociedad se enfrenta con el desafío de entender las bases biológicas de la epidemia de la obesidad y muchas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2. La inactividad física aumenta el riesgo relativo de enfermedad coronaria en un 45%, los accidentes cerebrovasculares en un 60%, la hipertensión en un 30%, y la osteoporosis en un 59%. Hay una fuerte evidencia epidemiológica indica que la actividad física regular se asocia con tasas reducidas de mortalidad por cualquier causa como la enfermedad cardiovascular, hipertensión, accidente cerebrovascular, síndrome metabólico, diabetes tipo 2, cáncer de mama y de colon, depresión, etc. Especialmente llamativo son hallazgos recientes que muestran una asociación positiva y negativa entre el tiempo de ocio que se pasa sentado o haciendo actividad física, respectivamente, y el riesgo de mortalidad entre los supervivientes de cáncer colorrectal, pero sin embargo nos sigue llamando más la atención que exista un leve y relativo aumento de probabilidades de sufrir este tipo de cáncer por consumir carne roja. Por otra parte, la inactividad física es citada como una causa real de la enfermedad crónica por los Centros de Control de Enfermedades. La actividad física es obligatoria para la supervivencia del género Homo durante cientos de miles de años ya que las vías metabólicas seleccionadas durante la evolución del genoma humano están inevitablemente ligadas a la actividad física.

La evidencia apoya la conclusión de que la inactividad física es uno de los más importantes problemas de salud pública del siglo XXI, e incluso puede ser el más importante. Esto no es negar la relevancia de otros problemas de salud generados por los hábitos alimentarios saludables o la prevención del tabaquismo.
Sin embargo, en mi opinión personal, la importancia crucial de la actividad física en la salud sigue estando infravalorada y es poco apreciada por muchas personas en la salud pública y la medicina clínica.

Aproximadamente el 86% de los 325 millones de habitantes de los Estados Unidos no alcanzan las directrices del Gobierno de los Estados Unidos y de la Organización Mundial de la Salud para la actividad física diaria para la salud.
Aunque la subactividad física es insuficiente, la inactividad física es una causa que contribuye a al menos a 35 condiciones patológicas, incluyendo las 10 principales causas de muerte en los Estados Unidos.

1. Enfermedades cardiovasculares
Las personas que no realizaban actividad física tuvieron un 45% más enfermedades cardiovasculares que las que realizan actividad física.

2. Diabetes tipo 2
Grupos de baja actividad tuvieron entre un 26% y un 36% de mayor riesgo de DM2 que los grupos de alta actividad
3. Cáncer de mama

Un 25% de aumento promedio en el riesgo de cáncer de mama estaba presente en los grupos de baja actividad física en comparación con la alta actividad

4. Cáncer de colon
El riesgo de cáncer de colon proximal y distal se incrementó en un 27% y 26%, respectivamente, entre los menos individuos menos activos, en comparación con las personas físicamente más activas

5. Demencia
Beyboun et al. señalaron que la disminución de la actividad física fue un fuerte predictor de la enfermedad de Alzheimer basado en un promedio de 27 estudios.

6. Depresión
Un metaanálisis de 25 estudios mostró una gran mejora de la depresión mediante el ejercicio. Además, está demostrado que el ejercicio mejora los síntomas depresivos en un grado comparable como la farmacoterapia y la psicoterapia

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