La vitamina D, a diferencia de otras vitaminas, se obtiene principalmente no de los alimentos, sino por la acción del sol sobre la piel (a través del 7-dehidrocolesterol). Con la disminución de la exposición solar en invierno, así como por la disminución de la intensidad de esta, la mayor parte de la producción de vitamina D a través del sol se produce en verano. De hecho, los niveles de vitamina D que tengamos en invierno van a depender en gran parte de la cantidad de vitamina D que seamos capaces de sintetizar en verano.

Dado que no se ha encontrado ningún órgano o tejido de almacenamiento definido para la vitamina D (salvo el tejido adiposo, pero esta vitamina D no se puede recuperar salvo que haya una excesiva lipólisis), se ha asumido que un estado adecuado de vitamina D en invierno solo puede mantenerse mediante la suplementación oral de vitamina D, la cual es necesaria si hay déficit.

Sin embargo, algunos estudios novedosos, como el recién publicado de Rybchyn et al 2020, plantean la posibilidad de que las células del tejido muscular puedan ser almacenes activos de vitamina D. Esto se debe a que las células musculares incorporan la proteína de unión a vitamina D (DBP) de la sangre al citoplasma celular donde se une a la actina citoplasmática.

Este DBP intracelular proporciona un sitio de unión específico para la vitamina D (25-hidroxivitamina D) que se difunde en la célula desde el líquido extracelular.

Cuando la DBP intracelular sufre una degradación, la vitamina D unida se libera y se difunde nuevamente en la sangre. Esta captación y liberación de vitamina D por el músculo explica el por qué la vitamina D presenta una vida media muy larga en la circulación sanguínea.

Este mecanismo parece haber evolucionado para mantener un nivel adecuado de vitamina D en invierno. Su ciclo de entrada y salida fuera de las células musculares parece estar regulado al alza en invierno. Esto sería un gran avance ya que si se pudieran encontrar formas de optimizar este proceso, se podría minimizar la prevalencia de algunas de las enfermedades vinculadas a un nivel bajo de vitamina D.

Mientras tanto, solo nos queda el sol y, si es necesario, suplementación.

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