El fútbol de élite actual presenta mayores demandas físicas durante el partido, así como un mayor número de partidos por temporada en relación con el fútbol de décadas anteriores. Los clubes de élite frecuentemente juegan más de 60 partidos competitivos durante una temporada. Los períodos de concentración de partidos (es decir, entre 1-3 partidos por semana) son comunes en el fútbol de élite actual y pueden complicarse aún más por problemas de viaje durante las competiciones europeas/mundiales y/o partidos con equipos internacionales, lo que lleva a una mayor fatiga de los jugadores de fútbol. Esto, combinado con una recuperación inadecuada, puede conducir a un bajo rendimiento y/o un mayor riesgo de lesiones (Oliveira et al 2017).

Los jugadores de élite realizan movimientos de baja intensidad durante más del 70% del partido, intercalados con aproximadamente 150–250 acciones intensas que incluyen carreras de velocidad máximas, giros y saltos, así como aceleraciones y desaceleraciones. Durante un partido de fútbol, ​​la fatiga puede ocurrir temporalmente después de períodos cortos e intensos durante ambas mitades y progresivamente hacia el final de cada mitad. Se ha descubierto que la distancia total y las actividades de alta intensidad disminuyen después de períodos de 5 minutos exigentes durante un partido y al final de la segunda mitad en comparación con la primera mitad (Mohr M et al 2003).

El estilo de juego está cambiando y estudios recientes muestran que el número de sprints ha aumentado en un 85% y la distancia recorrida a esa intensidad lo hizo un 35%. Es decir que cada vez las demandas físicas de máxima intensidad son requeridas en los jugadores de fútbol. Esto hace que los requerimientos nutricionales sean cada vez más importantes, tanto para mejorar el rendimiento como para la recuperación. Pero no solo se trata de que la nutrición sea cada vez más importante en el fútbol, sino que también lo es el tejido muscular.

Desde siempre se ha recomendado que los jugadores de fútbol tengan un físico ligero, es decir, con bajo porcentaje graso y una buena calidad muscular (buena relación músculo-grasa), sin embargo, a veces, el obsesionarse con un físico estético muy bajo en grasa o buscar un peso concreto, no deja de ser un componente meramente estético que incluso podría empeorar el rendimiento y aumentar el riesgo de lesión. Por eso, generalmente los niveles de grasa corporal de los jugadores de deportes de equipo no son tan bajos como los que se encuentran típicamente en los atletas de resistencia como los corredores y los ciclistas (Reilly TSN et al 1990). El problema puede ser que, en la actualidad, a veces prima más el componente estético de muchos jugadores sobre el rendimiento deportivo, siendo que buscar un físico excesivamente bajo en grasa corporal puede poner el peligro la salud y aptitud del deportista, incluso llegando a veces a lo que conocemos como RED-S (Relative energy deficiency in sport). Exigir un físico extremadamente magro y estético puede ir en contra de la mejora del rendimiento, por lo que hay que mantener un correcto equilibrio, buscando la mejor composición corporal para cada jugador.

Sin embargo, debido a como está evolucionando el fútbol, cada vez se requerirá una mejor relación músculo-grasa y también un aumento relativo en la cantidad y calidad muscular, puesto que el tejido muscular por sí mismo y no solo lo neuromuscular está íntimamente relacionado con la capacidad de ejercer fuerza. A día de hoy, a la contra de lo que se pensaba hace años, sabemos que la cantidad de masa muscular es un factor que contribuye sustancialmente en la capacidad de ejercer fuerza y no solo implica a factores neuromusculares.

¿Y por qué es clave esto? Pues porque como he comentado anteriormente, el fútbol cava vez es más demandante físicamente y se requieren más sprints, saltos y gestos de gran intensidad. Por tanto, las necesidades físicas del futbol actual demandan jugadores más fuertes y potentes y queramos o no, para conseguir eso se necesita un aumento de la masa muscular al menos parcialmente.

Prueba de ello es un estudio de la Universidad de Loughborough (Miller et al 2020) que examina el tamaño de los músculos de los velocistas de élite ha revelado que lo velocistas más rápidos eran más musculosos. Por ejemplo, había una diferencia de tamaño del 32% en los músculos extensores de la cadera entre los corredores de élite y sub-élite.

De hecho, se descubrió que el glúteo mayor y su tamaño son clave para lograr velocidades rápidas. Entre todos los velocistas (élite y sub-élite) hubo variabilidad en el rendimiento con récords personales de 100 metros que oscilaron entre 9,91 y 11,25 segundos.

Los investigadores encontraron que el 44% de esta variabilidad en el rendimiento se explicaba por el tamaño del glúteo mayor y que este músculo era un 45% más grande en los velocistas de élite que en los velocistas de sub-élite.

El profesor Folland participe del estudio dijo textualmente: “Parece que el tamaño de los músculos es más importante para correr rápido de lo que pensábamos y especialmente el tamaño de los extensores de la cadera y el glúteo mayor”.

Esto es un ejemplo más de que el fútbol actual cada vez demanda a jugadores con fenotipos más robustos muscularmente hablando, huyendo del viejo concepto de que “el músculo hace lento a los jugadores”, algo que por desgracia aún sigue siendo habitual incluso entre el deporte de élite. Sin embargo, es necesario matizar que el trabajo muscular basado en entrenamiento de fuerza debe ser orientado a la mejora de la funcionalidad y calidad muscular (entre otros objetivos evidentemente) con un desarrollo colateral de la masa muscular, la cual ha de ser optimizada y en su justa medida si perder de vista el objetivo final: la funcionalidad. Por tanto, habrá que valorar cual es el punto óptimo de cantidad de masa muscular sin que lleguemos a un exceso extremo que se convierta en disfuncional y también habrá que valorar en qué puestos en concreto se requiere más masa muscular y en cuales no interesa tanto. Por ejemplo, con respecto a los sprint, los mediocentros y delanteros son los que cubren la mayor distancia durante el partido por lo que seguramente sean los que más masa muscular requieran. A la contra, se ha demostrado que los centrocampistas recorren la mayor distancia durante el partido (aproximadamente de 12 a 13 km) por lo que estos jugadores quizás se beneficien en mayor medida del clásico fenotipo más “ligero” (Oliveira et al 2017).

Por tanto, el fútbol actual quizás requiera jugadores más robustos muscularmente hablando, al menos en algunos puestos concretos, pero hasta cierto punto, ya que centrarse únicamente en aumentar la hipertrofia muscular de una manera exagerada y/o centrada en un mero componente estético (no funcional) puede no ser necesario e incluso perjudicial para el rendimiento del futbolista. Más músculo sí, pero con sentido común…

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