INFLAMACIÓN CRÓNICA DE BAJO GRADO Y ÁCIDOS GRASOS SATURADOS

Aceite de palma ¿Una visión simplista del problema?

Que la Obesidad patológica se asocia con la inflamación crónica de bajo grado, es algo ya de sobra conocido.  A menudo nos referimos a ella como la inflamación metabólica o “meta-inflamación”. Varios eventos desencadenan y propagan este estado inflamatorio crónico, que es característico de la obesidad. Bajo condiciones normales de peso, el tejido adiposo tiene la capacidad de almacenar ácidos grasos (AG) eficazmente. Sin embargo, en el estado obeso, se supera la capacidad de almacenamiento del tejido adiposo por sus células especializadas, los adipocitos. El exceso de AG sistémicos hace que se acumulen en otros tejidos metabólicos como el músculo esquelético, el hígado o el páncreas,  causando lipotoxicidad. El exceso de AG a su vez puede activar las vías inflamatorias y perjudicar la señalización celular normal dentro de las células inmunes, tejido adiposo, hígado y músculo, causando disfunción celular.  En consecuencia, pueden desarrollarse trastornos metabólicos tales como la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2 entre otras.

A medida que el tejido adiposo se expande, las células inmunitarias se infiltran causando inflamación crónica de bajo grado y cambios metabólicos. La acumulación de lípidos ectópicos en el  hígado, el músculo y el páncreas da como resultado glucotoxicidad y lipotoxicidad y ello culmina  en la alteración de la señalización de la insulina, la alteración de la homeostasis de la glucosa y el desarrollo de la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2.

 

Por otro lado, las células inmunes son primordiales para la iniciación y propagación de la inflamación, siendo el tejido adiposo actuando como el sitio inicial de la inflamación inducida por la obesidad seguramente,  teniendo en cuenta la permeabilidad intestinal y la endotoxemia como fuente de inflamación. Con el aumento de grasa, el tejido adiposo se expande para hacer frente a la necesidad de almacenar los nutrientes en exceso. La expansión del tejido adiposo puede ocurrir de dos maneras, con hiperplasia o hipertrofia, un aumento en el número o tamaño de los adipocitos, respectivamente. La obesidad hipertrófica se asocia con la expansión del tamaño de los adipocitos existentes, y suele estar asociada con la resistencia a la insulina. El adipocito hiperplásico está asociado con la sensibilidad a la insulina ya que los adipocitos aumentan en número y, por lo tanto, están mejor equipados para hacer frente a la demanda de almacenamiento de energía / lípidos en exceso. La adipogénesis es impedida por mediadores inflamatorios, como la caspasa-1, TNF-alpha o la interleucina-1 beta.

La infiltración de células inmunes es uno de los primeros eventos observados en el entorno obeso, con la expresión génica pro-inflamatoria precediendo hiperinsulinemia. Nishimura et al. demostraron que pro-inflamatorias del sistema inmune, como macrófagos, entraron en el tejido adiposo en tan sólo cuatro semanas tras una dieta alta en comida procesada rica en grasas y azúcares. Sin embargo, la pérdida de peso ha demostrado que reduce el número de células inmunes dentro de este tejido.

La población de macrófagos parece  aumentar de 10%-15% a 45%-60% con la progresión de la obesidad. Con la obesidad existente, las células inmunes residentes en el tejido adiposo experimentan un cambio fenotípico de M2 ​​a M1, resultando en un inmuno-fenotipo pro-inflamatorio (aunque sabemos que hay una amplia gama y de subtipos además de M1 y M2 cada uno roles diferenciados a la vez que sinérgicos).

Muchas investigaciones recalcan el potencial de los ácidos grasos saturados en su papel inflamatorio, ya que estos ejercen de ligandos a TLR4 y a través de una serie de eventos activar NF-kB. Sin embargo, la mayoría de estas investigaciones no diferencia entre los distintos tipos de SFA, usando el palmítico como inductor, pero generalizando y adjudicando efectos a las SFA en general, algo alejado de la realidad y sobre todo de una comida real.

La naturaleza de la polarización de los macrófagos puede verse afectada por la composición de los ácidos grasos. Por ejemplo ácido palmítico parece activar los genes proinflamatorios de TNF-alpha, IL-6 y activación clásica de macrófagos M1, induciendo resistencia a la insulina. Por el contrario, los ácidos grasos monoinsaturados promueve la activación alternativa de macrófagos M2 que son responsables de mantener el tejido adiposo en un estado sensible a la insulina, a través de la acción anti-inflamatoria de IL-10 o STAT3.

Macrófagos M1 presentan un metabolismo glucolítico para la generación de ATP y conduce a la fragmentación del ciclo de Krebs con una rotura en la etapa de la succinato deshidrogenasa. Esta ruptura en el ciclo de Krebs  da como resultado un aumento y acumulación de citrato. La acumulación de citrato aumenta la lipogénesis a través de malonil-Coa aumentando la resistencia a la insulina y estrés mitocondrial. Los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados conducen a un fenotipo anti-inflamatorio de macrófagos M2 que presentan un proceso más eficiente de la obtención de energía a través principalmente de la fosforilación oxidativa, con el aumento de la oxidación de ácidos grasos.

También parece que una alimentación rica en ácidos grasos saturados de corte palmítico (aceit de palma) se asocia con una morfología adiposa hipertrófica, mientras que la alimentación rica en MUFA se asocia con un aumento de tejido adiposo igual, pero una morfología hiperplásica, coincidiendo con un aumento de la sensibilidad a la insulina. Por otro lado, algunos trabajos indican que SFA no son ligandos directos para TLR-4, sino que la glicoproteína Fetuina A hepática posee la capacidad de interactuar con una gran variedad de receptores, incluyendo el receptor de insulina y una variedad de TLRs. Fetuina A se une y activa TLR-4 y también puede ser secretada por el tejido adiposo.

Pero como he dicho, no podemos meter en el saco a todos los ácidos grasos saturados como comenté antes, ya que por ejemplo ácidos grasos saturados de cadena corta como el butirato pueden inhibir la respuesta inflamatoria conectándose a receptores GPR 43 (también conocido como FFAR 2) de neutrófilos, inhibiendo NF-kB o también parece que lo hace a través de HDAC. Por otro lado, parece que también podría ejercer una disminución de interferón gamma y aumentar expresión de PPARy.

Y ya para terminar, que siempre me alargo, los ácidos grasos saturados dietéticos, concretamente palmítico,  son  sólo uno de los muchos factores del estilo de vida que desempeñan un rol en la inflamación sistémica de bajo grado y las posteriores adaptaciones metabólicas. El medio ambiente nos proporciona muchos otros estímulos pro-inflamatorios mucho más que solamente los ácidos grasos saturados, como un elevado ratio de omega6/omega3, sedentarismo, estrés crónico, falta de sueño, contaminación del aire, etc. Pero el entorno también nos ofrece otros muchos estímulos anti-inflamatorios compensadores como buen ratio omega6/omega3, ingesta adecuada de verduras, frutas, fibra, actividad física y ejercicio, exposición solar, descanso, poco estrés crónico, etc, por lo que acotar la condición metabólica o inflamatoria a un solo factor, sin tener en cuenta el resto de factor tanto pro, como anti, es seguir pecando de simplistas, sobre todo en una era donde las tasas de sedentarismo causan millones de muertes al año…..

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