Muchos de los mitos que se repiten acerca de la leche se deben al “nutricionismo”.

¿Qué es el nutricionismo?

El “nutricionismo”, básicamente, es atribuir propiedades buenas o malas a un alimento simplemente porque contenga un nutriente concreto en su composición. Esto ocurre con muchos alimentos: el aceite de oliva contiene grasa saturada en su composición, pero tiene otros compuestos que lo hacen saludable cuando se ingiere aceite. Otra cosa es tomar grasa de saturada aislada o junto a azúcares refinados como ocurre con algunos ultraprocesados.

¿Es la leche pro-inflamatoria?

Con respecto a la leche, muchos creen que es pro-inflamatoria. Esto se debe a dos errores principalmente:

  1. Leen estudios aislados de uno de los componentes de la leche, la beta-caseína Al en ratones, la cuál es inflamatoria.
  2. Confunden tener problemas intestinales como gases, hinchazón o dolor abdominal al ingerir lácteos con inflamación sistémica.

Voy a explicar ambos puntos, sigue leyendo…

La leche es mucho más que Beta-Caseína

La beta-caseína A1 es una fracción proteica que contiene la leche del tipo A1 (la gran mayoría en España son A1). Cuando ingerimos beta-caseína Al se descompone en beta-casomorfina-7.

En estudios in vitro y en animales, se observa que cuando se inyecta directamente la beta-casomorfina-7 tiene efectos inflamatorios en el organismo, provocando la secreción de histamina (la misma que produce los síntomas de la alergia).

Y ya de estos estudios sale el mito de que la leche es inflamatoria. Sin embargo, la leche es mucho más que beta-caseína. Contiene otras proteínas como la proteína de suero o la lactoferrina que son antiinflamatorias. De hecho, tanto en animales como en humanos, cuando toman leche se observan efectos ligeramente antiinflamatorios o neutros en el peor de los casos (Nieman et al., 2020; Ulven et al., 2019). Por eso cuando tomamos leche, al ingerir el alimento íntegro, no se observan efectos negativos a nivel inflamatorio.

Inflamación no es distensión

El otro problema es que mucha gente confunde inflamación sistémica con distensión abdominal, gases u otros problemas intestinales. La inflamación sistémica de bajo grado es prácticamente asintomática. Para saber si la leche es inflamatoria se deben analizar marcadores de inflamación (como citoquinas proinflamatorias) en sangre. Esto es diferente a que la leche cause problemas intestinales como distensión abdominal o gases en algunas personas que son intolerantes a la lactosa o a otro componente de la leche.

Es más, algunos lácteos pueden incluso mejorar algunas patologías intestinales inflamatorias como la colitis, Crohn o intestino irritable (Benmoussa et al 2019; Alexander et al 2017) e incluso presentan propiedades antioxidantes (Khan et al., 2019). De hecho, los lácteos fermentados mejoran la microbiota intestinal y son antiinflamatorios (Wastyk et al., 2021). Eso sí, cada persona es un mundo y algunos casos puede ser recomendable eliminar los lácteos. La opción de retirar lácteos debe ser individualizada.

La leche es más que la suma de sus partes

La leche es más que la suma de sus partes; en su matriz nutricional encontramos vitaminas (A, D, E), minerales (zinc y selenio) y grasas monoinsaturadas (ácido oleico) y poliinsaturadas (omega 3 y omega 6). Dentro de las grasas omega 6 de la leche, se encuentra el ácido linoleico conjugado (CLA), que ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre, es antiinflamatorio y puede ayudar a perder grasa corporal.

Eso sí, no te creas que la leche ahora es milagrosa. La leche y sus derivados no son imprescindibles. Su aporte nutricional (incluido el calcio) puede cubrirse perfectamente con la ingesta de otros alimentos. El agua mineral, la col, las verduras oscuras o las legumbres tienen un alto contenido en calcio.

Aunque “se han observado efectos anticancerígenos en los lácteos (por ejemplo en el cáncer colorrectal), es cierto que existe controversia respecto al cáncer de próstata, donde algunos estudios muestran asociación (no sabemos si causalidad) (Orlich et al 2022).

Por tanto, eres libre de tomar lácteos o no ya que no aportan nada que no puedas obtener de otros alimentos. Pese a ello, es que la balanza se inclina claramente a beneficios en comparación riesgos. Además los lácteos fermentados tienen propiedades más que interesantes para nuestra salud.

Es importante tener en cuenta que eliminar de manera crónica la ingesta de lácteos hará que nuestro organismo disminuya la síntesis de la enzima lactasa. Esto significa que dejar de tomar lácteos durante mucho tiempo puede provocar que nos volvamos intolerantes al consumo de lácteos en el futuro.

La leche ni es imprescindible como nos hicieron creer en los años 80 ni es tan mala como nos quieren hacer creer ahora.

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