Vivimos en un estado de bienestar garantizado. Tenemos aseguradas nuestras necesidades básicas, lo cual hace que disminuya nuestro umbral de incomodidad. Somos una sociedad frágil y ello hace que pongamos la atención y debatamos sobre asuntos que serían baladí en otras épocas pasadas o para otras sociedades actuales.

En Rusia, allá por el año 1921, tras las devastadoras consecuencias de la Guerra, sumado a una gran sequía que arrasó con gran parte de los cultivos, se vivió una de las hambrunas más tremendas de nuestra historia contemporánea. Alrededor de 30 millones de personas se vieron afectadas y se contabilizaron en torno a 5 millones de muertos.

Y es que el hambre es la esencia de la supervivencia, la reina de las necesidades ancestrales y la directora de orquesta de la conducta animal (incluido el ser humano obviamente). Todo gira a su merced cuando ella está presente.

La gente en Rusia empezó a comer y vender extremidades humanas. En las imágenes que adjunto, vemos fotos desgarradoras de partes de cuerpos, ya que muchos tuvieron que acudir al canibalismo para sobrevivir durante dicha hambruna. Los campesinos hambrientos desenterraban a sus familiares recién fallecidos para poder aprovechar la carne que aún conservaban. Además desaparecían los animales domésticos como perros y gatos para ser devorados. Comían hierba y flores, raíces y semillas y todo lo que pillaban.

A la contra, en una sociedad de bienestar garantizado, debatimos banalidades sobre la comida y demonizamos alimentos de manera exagerada. En una tendencia polarizada y absolutista, abogamos por un maniqueísmo nutricional donde algunos se posicionan en bandos defensores de ciertos alimentos o estrategias nutricionales y critican o demonizan a aquellos que no pertenecen a su grupo.

Los lácteos, la carne, el pescado, las frutas, las legumbres, los huevos, el trigo, la avena, la soja y hasta las verduras… Prácticamente no queda un alimento o grupo nutricional por demonizar hoy en día.

Sin embargo, mientras exageramos lo bueno o malo de algunos alimentos hasta límites inauditos, fruto del aburrimiento que nos otorga vivir en un estado de bienestar garantizado con todas nuestras necesidades básicas a buen recaudo, hay quienes considerarían cualquier despojo nuestro un manjar de reyes. Y se defiende la alimentación evolutiva sin comprender, que a veces comer lo que pillábamos ha sido nuestra forma de sobrevivir en muchos periodos ancestrales…

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