
Entrar en un supermercado debería ser sencillo. Sin embargo, muchas personas sienten justo lo contrario: cientos de envases, reclamos saludables, colores llamativos y un sistema de letras que promete ayudarte a decidir en segundos.
Nutri-Score nació con esa intención. Simplificar. Orientar. Facilitar una compra más informada.
El problema aparece cuando confundimos una herramienta útil con una verdad absoluta. Porque una letra impresa en un paquete no sustituye el contexto, ni la calidad global de la dieta, ni la fisiología humana.
El semáforo nutricional ha cambiado sus reglas en Europa. Lo que ayer tenía una A hoy puede haber caído a una C. Y lo que antes parecía impecable ahora recibe una valoración más prudente.
Si quieres de verdad entender la comida más allá del marketing, conviene empezar por comprender el sistema, sus mejoras y también sus límites. Eso es lo que intento explicar aquí. Y si te interesa profundizar todavía más, te recomiendo entender la fisiología detrás del alimento en Réquiem por una pirámide.
¿Qué es el Nutri-Score y cómo funciona su algoritmo?
Nutri-Score es un sistema voluntario de etiquetado frontal que clasifica alimentos y bebidas desde la A (mejor valoración) hasta la E (peor valoración), combinando colores del verde al rojo. Su algoritmo puntúa nutrientes desfavorables y favorables por cada 100 gramos o 100 mililitros.
Dicho de forma sencilla:
Suma puntos negativos por:
- energía total
- azúcares
- grasas saturadas
- sal
Y resta puntos positivos por:
- fibra
- proteína
- presencia de frutas, verduras o legumbres
- ciertos aceites vegetales según categoría
Después genera una nota final.
La idea no es mala. Permite comparar productos rápidamente dentro de una categoría. El problema es pensar que resume toda la salud de un alimento en una sola letra.
Cambios en el algoritmo Nutri-Score
Con el tiempo aparecieron críticas razonables. Algunos productos muy procesados lograban buenas notas mientras otros alimentos tradicionales quedaban penalizados por su densidad calórica.
Por eso el comité científico europeo revisó el sistema e introdujo ajustes relevantes.
Penalizaciones más estrictas: azúcar, sal y edulcorantes
Uno de los principales cambios es una mayor exigencia con productos excesivamente dulces o salados.
Ahora el algoritmo endurece la valoración en varios puntos:
- más castigo al contenido total de sal
- mayor rigor con lácteos azucarados
- peor puntuación para bebidas con edulcorantes
Esto último ha generado debate. Durante años muchos refrescos zero lograban notas excelentes por no aportar azúcar ni calorías.
Pero una cosa es ser mejores que la versión azucarada y otra muy distinta considerarlos la base ideal de una alimentación saludable.
El nuevo enfoque prioriza agua por encima de productos ultraprocesados edulcorados.
El ascenso del aceite de oliva y los granos enteros
Otro cambio importante afecta a productos tradicionalmente bien valorados en patrones dietéticos saludables.
El aceite de oliva mejora su posición relativa frente a otras grasas, reconociendo mejor su perfil lipídico, riqueza en compuestos fenólicos y evidencia cardiovascular.
No significa que debamos beber aceite sin control. Sigue siendo una grasa energética. Pero dentro de su categoría, la comparación es más coherente.
También se afina la diferenciación entre:
- cereales integrales y refinados
- panes con mayor fibra y panes blancos muy procesados
Esto es positivo porque no todos los carbohidratos empaquetados son iguales.
Comparativa de clasificación: algoritmo antiguo vs nuevo
| Categoría de alimento | Criterio antiguo | Criterio nuevo |
| Aceite de oliva virgen extra | Penalizado por densidad energética | Mejor valoración dentro de grasas |
| Refrescos zero | Muy favorecidos por ausencia de azúcar | Penalizados por edulcorantes |
| Pan blanco | Valoración intermedia | Peor frente al integral |
| Cereales integrales | Ligera ventaja | Mayor reconocimiento por fibra |
| Lácteos azucarados | A veces moderadamente bien situados | Mayor penalización |
| Snacks reformulados | Posible mejora artificial | Más difícil maquillar la nota |
Los límites del etiquetado frontal: lo que la letra no te cuenta
Aquí está la parte más importante.
Nutri-Score puede ser útil como filtro rápido. Pero no puede decirte todo lo relevante sobre un alimento.
Y si se interpreta mal, incluso puede inducir errores.
El problema de la matriz alimentaria y los ultraprocesados
La salud de un alimento no depende solo de nutrientes aislados.
Depende también de:
- estructura física
- grado de procesamiento
- textura
- saciedad
- velocidad de digestión
- densidad energética real
- contexto de consumo
No responde igual el cuerpo a:
- una manzana entera
- un puré de manzana
- una galleta “con fibra añadida”
Aunque algunas cifras del etiquetado puedan parecer similares.
Tampoco tiene sentido concluir que una pizza industrial con B es “más sana” que unas nueces con C. Son productos diferentes, con matrices distintas y funciones dietéticas distintas.
Ese reduccionismo nutricional lleva décadas generando confusión.
Lo que sí puede aportar Nutri-Score
Para ser justos, también conviene decir lo que sí hace bien.
Puede ayudar a detectar dentro de una misma categoría:
- mejor pan frente a peor pan
- mejor yogur frente a yogur azucarado
- mejor cereal frente a cereal infantil ultradulce
Es decir, sirve más para comparar primos hermanos que para comparar alimentos completamente distintos.
Usado así, puede ser útil.
Cómo usar Nutri-Score con inteligencia
Mi recomendación práctica sería esta:
Primero prioriza alimentos poco procesados:
- frutas
- verduras
- legumbres
- huevos
- pescado
- carnes frescas
- frutos secos
- lácteos naturales
- tubérculos
- cereales mínimamente procesados
Después, cuando compres productos envasados, usa Nutri-Score como una pista adicional, no como juez supremo.
Y finalmente, revisa ingredientes. De hecho, si sabes leer las etiquetas de ingredientes lo pondría por delante de Nutri-Score
Porque dos productos con la misma letra pueden ser muy distintos en calidad real.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Es obligatorio el Nutri-Score en España?
No. Actualmente sigue siendo un sistema voluntario para fabricantes. Algunas empresas lo usan de forma estratégica, otras no. Las transiciones regulatorias pueden variar según acuerdos y adaptación comercial.
¿Por qué los refrescos sin azúcar tienen peor nota ahora?
Porque el algoritmo se ha revisado para evitar que la ausencia de azúcar garantice automáticamente la mejor calificación. El objetivo es priorizar agua y opciones menos dependientes del sabor intensamente dulce.
¿Significa una A que puedo tomarlo libremente?
No. Una A indica mejor valoración relativa dentro del sistema, no consumo ilimitado ni superioridad absoluta sobre alimentos frescos.
¿Debo ignorar Nutri-Score entonces?
Tampoco. Bien utilizado puede ayudar. El error está en usarlo como única herramienta de decisión.
Conclusión
Nutri-Score ha mejorado respecto a versiones anteriores. Penaliza mejor ciertos excesos, corrige incoherencias y afina comparaciones dentro de categorías.
Eso es positivo. Pero sigue teniendo límites importantes. No mide la matriz alimentaria, no capta bien el grado de procesamiento y no sustituye una educación nutricional real. Por tanto podemos decir que es una brújula modesta pero no un mapa completo.
Si estás cansado de depender de colores en cajas de cartón y quieres entender cómo responde tu cuerpo a la comida real, lo más inteligente es profundizar en la fisiología y no solo en el packaging.
Puedes empezar con Réquiem por una pirámide o, si buscas algo individualizado, revisar nuestras asesorías para entender cómo responde tu cuerpo a la comida real.
Este artículo ha sido redactado por el equipo de Ismael Galancho Partners.














