LO QUE (QUIZÁS) NO SABÍAS SOBRE EL METABOLISMO DE LA FRUCTOSA

Se cree que el metabolismo inicial de la fructosa se produce principalmente en el hígado. Sin embargo Jang et al. (2018) demuestran que en ratones, es el intestino delgado el sitio primario del metabolismo de la fructosa. Esto plantea importantes preguntas sobre la fructosa y su metabolismo en seres humanos, ya que ello tendrá implicación tanto en la salud como en el ámbito deportivo.

Algunas directrices de salud global están pidiendo en los últimos años reducciones del consumo de fructosa (sobre todo la añadida a productos ultraprocesados como JMAF o simplemente por el alto consumo de sacarosa) ya que la fructosa ha sido identificada como un candidato primario responsable de problemas de salud. Una alta ingesta de fructosa puede estimular la producción de glucosa endógena y la síntesis de lípidos, que puede aumentar por tanto las concentraciones glucosa y triglicéridos sanguíneos en ayunas y postprandiales.

Jang et al. (2018) revelan que la fructosa es metabolizada inicialmente por el intestino delgado en ratones (un 90%). Las vías principales del metabolismo de la fructosa incluyen la conversión a glucosa y la conversión a lactato. Por tanto, en ratones, la ingesta de fructosa en la dieta es metabolizada principalmente por el intestino delgado, exponiendo el hígado principalmente a la glucosa y el lactato.

En seres humanos, aún teniendo mucho menos intestino delgados que los ratones en proporción al tamaño, las concentraciones de glucosa en plasma se sabe que permanecen muy bajas en plasma después de consumir fructosa, incluso cuando se consumen en grandes cantidades. Esto se debe a que gran parte de la fructosa se metaboliza en el hígado en humanos.

Por otro lado, actualmente está demostrada la presencia de transportadores de fructosa específicos y enzimas metabolizadoras de fructosa en el músculo esquelético, el cerebro, el corazón, el tejido adiposo y muchos otros tejidos. Esto sugiere que la fructosa se puede metabolizar directamente y desempeñar funciones fisiológicas o fisiopatológicas en tejidos extra-esplácnicos. El hecho de que la fructosa se pueda metabolizar directamente en el tejido muscular tiene importantes implicaciones, sobre todo en el ámbito deportivo. Sin embargo, tejidos como el músculo esquelético tienen una baja capacidad para el metabolismo de la fructosa, ya que la capacidad para la captación de fructosa de este tejido es baja (unas 8 veces menos en relación a la glucosa), por tanto, entre que llega poca fructosa al músculo, debido al alto “secuestro” esplácnico que esta presenta y ello sumado a la poca captación de fructosa por el tejido muscular, no se sabe la influencia de ésta durante el ejercicio

La proporción de fructosa ingerida que llega a la circulación sistémica generalmente no se mide. El objetivo de un reciente estudio (Francey et al 2018) fue evaluar la cantidad de fructosa oral que escapó al secuestro esplácnico de primer paso después de la ingestión de una bebida de fructosa-glucosa.

Los resultados indicaron que una fracción no despreciable de fructosa puede escapar al secuestro esplácnico y circular en la periferia, más de lo que se pensaba anteriormente (15% aprox), lo que puede ser un punto de partida para seguir investigando y quizás replantear algunas estrategias nutricionales deportivas en este sentido.

Por otro lado, los efectos metabólicos del metabolismo directo de la fructosa en tejidos extra-esplácnicos, y su relación con las enfermedades metabólicas, aún no se han evaluado. Cabe destacar que las dietas altas en fructosa sólo pueden afectar negativamente al metabolismo durante balances de energía positivos (sobrealimentación) y de forma crónica en sujetos sedentarios, algo no destacable en sujetos deportistas, lo cuál es una muestra más de que el contexto y el perfil del sujeto es clave y hay que tenerlo en cuenta antes de lanzar afirmaciones generales a la población. De hecho, sólo cantidades modestas de ejercicio parecen ser suficientes para contrarrestar muchos efectos negativos de la fructosa, es decir, tener un alto flujo de energía (Egli et al., 2013).

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies