NO SOLO SE TRATA DE ACTIVIDAD FÍSICA, EJERCICIO FÍSICO Y REDUCIR SEDENTARISMO, SINO DE MEJORAR LA CALIDAD Y FUNCIONALIDAD MUSCULAR

El músculo juega un papel central en la salud metabólica y en el metabolismo de las proteínas del organismo, al servir como el principal reservorio de aminoácidos para mantener la síntesis de proteínas en tejidos y órganos vitales en ausencia de la absorción de aminoácidos del intestino y proporcionando precursores gluconeogénicos hepáticos.  Además, el metabolismo muscular alterado juega un papel clave en la aparición de alteraciones, y por lo tanto, la prevención de muchas condiciones patológicas comunes y enfermedades crónicas actuales pasa por la preservación de la masa muscular así como su correcta funcionalidad. Así pues, el mantenimiento de una masa muscular adecuada, calidad muscular y niveles óptimos de fuerza es fundamental (Argilés, Campos, Lopez-Pedrosa, Rueda, & Rodriguez-Mañas, 2016).(Bente K. Pedersen & Febbraio, 2012). No sólo se trata de la cantidad de masa muscular y de la calidad (capacidad de ejercer fuerza) sino de la funcionalidad, es decir, que dicho músculo sea capaz de ejercer fuerza en el menor tiempo posible, lo que implica una mayor capacidad de ejercer fuerza, lo que clásicamente se ha conocido como “potencia”

En una población cada día más envejecida y sedentaria, donde las actividades que requieren de un componente de fuerza han disminuido, se ha comprobado que existe un descenso de la capacidad d ejercer fuerza y del desarrollo muscular (Mitchell et al., 2015), siendo la principal consecuencia la atrofia muscular. Esta función muscular comprometida se ha identificado como un predictor de hospitalización, discapacidad, enfermedad e incluso muerte (Newman & Kupelian, 2006). Por lo tanto, el músculo esquelético tiene un papel fundamental en el rendimiento de las actividades diarias, el mantenimiento de nuestra salud y en la prevención de enfermedades (Adams, Segal, & McKenzie, 2016; Gomes, Martinez, Pagan, & Damatto, 2017).

 

El agotamiento excesivo de la masa muscular es incompatible con la vida. Por ejemplo, existe una fuerte asociación entre la degradación muscular y la duración de la supervivencia de los pacientes gravemente enfermos con SIDA. Estudios realizados por médicos judíos en el ghetto de Varsovia sugieren que la muerte por inanición (sin complicaciones por una enfermedad crítica, ocurre cuando la descomposición de las proteínas musculares se vuelve inadecuada para mantener el suministro necesario de precursores gluconeogénicos.  El extenso trabajo de Ancel Keys et al 1950 en el famoso experimento de Minnesota también concluye que el agotamiento de la masa muscular es la causa de la muerte en la inanición humana.

Vale, pero hoy en día no vivimos en una realidad donde haya largos periodos de ayuno, y sabemos que bajo condiciones normales de alimentación, el “turnover” proteico está equilibrado (síntesis- degradación proteica). Es cierto, pero en estados alterados o patológicos como el estrés crónico, como el asociado con la sepsis, el cáncer avanzado, inflamación sistémica crónica, etc que son alteraciones o patologías típicas del siglo XXI, sobre todo en sujetos de edad avanzada, imponen mayores demandas de aminoácidos por la descomposición de proteínas musculares que ellas inducen.

Las respuestas fisiológicas necesarias para la recuperación en ciertas alteraciones/patologías pueden incluir la síntesis acelerada de proteínas de fase aguda en el hígado, la síntesis de proteínas implicadas en la función inmune y la síntesis de proteínas implicadas en la cicatrización de heridas. En situación de sobrevivencia, a lo largo de la evolución, la respuesta inflamatoria ha sido, es, y será necesaria e indispensable para la supervivencia. Gran parte de nuestros sustratos energéticos estarán destinados al metabolismo de células del sistema inmune en estados inflamatorios por ejemplo, de ahí que en alteraciones que llevan implícitas un estado de inflamación crónica de bajo grado (condición que subyace en todas si no todas las patologías metabólicas del siglo XXI), se induzca la resistencia a la insulina en tejidos como el muscular, adiposo o el hepático. Eso hará que nuestro organismo asegure la viabilidad y funcionamiento adecuado de las células del sistema inmune, que toman la prioridad metabólica por principio de supervivencia. Pero no solo eso, sino que el tejido muscular, se vuelve “suministrador” importante al contribuir al metabolismo inmunológico a través de aminoácidos gluconeogénicos y glutamina, resultantes de su descomposición, siendo esto aún más sustancia durante estados de ayuno extensos o anorexia inducida por enfermedad.

Muchas enfermedades como el cáncer, se asocian a menudo con una pérdida rápida y extensa de masa muscular, calidad muscular y fuerza provocando estados de caquexia. Con la caquexia del cáncer, la pérdida de masa muscular es un factor muy importante de la supervivencia, de hecho se calcula que el 30% de las muertes por cáncer se deben a la caquexia. La sarcopenia y pérdida de función muscular que se produce con el envejecimiento, es un síndrome generalizado que tiene un efecto devastador sobre la calidad de vida y, en última instancia, la supervivencia

 

 

Sin embargo, se ha demostrado que la práctica regular de entrenamiento de fuerza atenúa la disminución de la masa muscular ocurrida con la edad (Mitchell et al., 2015; Phillips et al., 2012). Por lo tanto, este tipo de ejercicios se ha ido introduciendo poco a poco en la prevención de diferentes enfermedades crónicas con resultados muy satisfactorios (B. Pedersen & Saltin, 2015)

 

ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN LA SALUD

El ejercicio de resistencia aeróbica se prescribe con frecuencia para reducir las enfermedades actuales (enfermedad cardiovascular, diabetes, etc) y parece haber demostrado efectos beneficiosos en la reducción de la inflamación crónica(K. M. Beavers, Brinkley, & Nicklas, 2010).

Sin embargo, el entrenamiento de fuerza, independiente del ejercicio  de resistencia aeróbica, disminuye significativamente el riesgo de desarrollo de Síndrome Metabólico, en comparación con la no realización de ningún ejercicio en una población de mediana edad relativamente saludable, aunque la combinación de entrenamiento de fuerza con ejercicio de resistencia (concurrencia) se asoció con un 25% menor riesgo de desarrollo de síndrome metabólico, en comparación con la no realización de ninguno o una mejora sustancial en diferentes parámetros antropométricos, aptitud cardiorrespiratoria y factores metabólicos en sujetos con sobrepeso y obesos

Aunque ambos tipos de entrenamiento parecen ejercer funciones positivas en cuanto al tratamiento/prevención de diversas patologías, el entrenamiento de fuerza se muestra imprescindible e incluso prioritario el algunas de ellas por diferentes motivos: aumenta o mantiene la masa muscular, lo que a su vez mantiene el metabolismo activo, mejora la homeostasis de glucosa, ejerce funciones de regulación hormonal para controlar de forma autocrina, paracrina y endocrina diversos procesos biológicos como por ejemplo el proceso inflamatorio, etc.(Henningsen, Rigbolt, Blagoev, Pedersen, & Kratchmarova, 2010).

El entrenamiento de fuerza tiene un efecto favorable sobre la composición corporal, ya que disminuye la masa grasa incluida la grasa abdominal, aumenta HDL, disminuye LDL, reduce la concentración de glucosa plasmática y reduce la presión arterial sistólica y diastólica(Candón Liñán, Sánchez Oliver, Galancho Reina, Suárez Carmona, & González Jurado, 2016). También mejora la sensibilidad a la insulina, mejora la tolerancia a la glucosa, previene sarcopenia y la osteoporosis a menudo vistas en la población anciana y mediana edad, etc.  De hecho, se ha comprobado que en personas desentrenadas, un entrenamiento de fuerza con cargas ligeras podría aumentar su fuerza y aumentar el desarrollo muscular (Schoenfeld, Wilson, & Lowery, 2016)

Por otro lado, existe una gran evidencia científica sobre los beneficios del entrenamiento de el entorno hormonal (HGH, IGF-1, Testosterona, etc), mejoras en la resistencia a la insulina, aumento de la translocación de GLUT4 independiente de insulina, etc. (Kalyani, Corriere, & Ferrucci, 2014)(Kraemer & Ratamess, 2005)(Strasser, Arvandi, & Siebert, 2012). Además, varios estudios han demostrado que una correcta planificación en  el entrenamiento de fuerza podría mantener o incluso aumentar la densidad mineral ósea (DMO) en la cadera y en el cuello del femúr, en ancianos con sobrepeso y obesidad. Incluso, se ha observado que también tendría un efecto positivo en la DMO de las mujeres con problemas en la región lumbar, el fémur y el radio (Kelley, Kelley, & Tran, 2001)(K. Beavers, Beavers, & Martin, 2017). Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza debería ser un componente central de los programas de promoción de la salud pública, junto con un ejercicio aeróbico(Benito et al., 2016).Sobre la base de las observaciones anteriores, se entiende que el entrenamiento de fuerza es una herramienta fundamental para prevenir y tratar la obesidad, prevenir el envejecimiento prematuro y sus comorbilidades (Strasser et al., 2012).

Estos hallazgos nos hacen replantearnos los tratamientos de pérdida de peso y mejora de la condición física, siendo la  combinación de entrenamiento de fuerza y cardiovascular la que parece optimizar los resultados (Ronenn Roubenoff, 2007; Ziaaldini et al., 2015)(Benito et al., 2016)

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies