ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN ENFERMEDADES AUTOINMUNES

 

El estudio más grande realizado hasta la fecha acaba de publicarse, con el objetivo de comparar los resultados en cuanto a mortalidad de los diferentes tipos de ejercicio. Este estudio halló que las personas que hicieron entrenamiento de fuerza tuvieron una reducción del 23% en el riesgo de muerte prematura por cualquier causa y una reducción del 31% en las muertes relacionadas con el cáncer.

 

La labor de análisis y divulgación debe ser en mi opinión una prioridad absoluta, ya que a día de hoy NO existe ningún fármaco, medio, modificación de estilo de vida capaz de prevenir y tratar tantas patologías como lo es el ejercicio físico/actividad física y más importante aún dar subrayar los beneficios del entrenamiento de fuerza, puesto que, a nivel social, cuando las personas piensan en el entrenamiento de fuerza instantáneamente piensan en hacer ejercicios complejos y con altas cargas en un gimnasio, pero ese no tiene que ser el caso.

 

En base a la literatura científica, parece ser que el entrenamiento de fuerza a largo plazo, a diferencia de corto plazo, parece tener un impacto positivo en la inflamación sistémica.  Es cierto que a largo plazo, no tenemos claro que la expresión de citoquinas ejerzan funciones beneficiosas de manera sustancial, además de la dificultad de medir y saber que efecto tienen ciertas citoquinas que se expresan de forma ubicua y algunas de ellas con acciones contrarias según de donde provengan o la cascada de señalización activada que desemboque en la transcripción genética de dicho factor

Pero limitar el posible (y cada más demostrado) efecto antiinflamatorio del entrenamiento de fuerza (y por tanto ponerlo en duda) junto con la mejora de factores metabólicos asociados ello es una visión simplista del asunto, ya que ello no es el único camino por el cuál el ejercicio en sí, (en este caso entrenamiento de fuerza) puede mejorar la inflamación crónica, ya que puede actuar de manera multifactorial sobre ello, como por ejemplo y de forma sencilla (puesto que la explicación profunda de cada mecanismo requiera un post completo y con matices varios) expresando citoquinas con rol no alterno y definidamente antiinflamatorio como IL-10 o IL1ra, modulando la expresión de citoquinas IL-4 o IL-13 por sistema inmune y llevando a un “switch” de activación alternativa M” en macrófagos, actuando sobre la reducción de la grasa visceral (víctima de lipoinflamación), la mejora en la función y densidad mitocondrial, expresión de antioxidantes endógenos modulando la activación de NF-kB a través de RONS, expresión de HSP, mejora de la sensibilidad a la insulina, aumento de la masa muscular con los beneficios múltiples metabólicos que ello confiere, mejora de la homeostasis de glucosa, expresión de receptores solubles de citoquinas inflamatorias como TNF-alpha, etc que ejercerán un potente beneficio tanto directa como indirectamente…

 

En cuanto a las enfermedades autoinmunes, un grupo heterogéneo de enfermedades crónicas con base inflamatoria y que se producen como consecuencia de la pérdida de la tolerancia al antígeno propio, el ejercicio físico, sobre todo de fuerza o de alta intensidad, ha sido alejado como una posible herramienta en el tratamiento. Sin embargo, tanto el ejercicio físico correctamente dosificado, como  la actividad física, conducen a una elevación significativa en las células reguladoras de T, a una secreción de inmunoglobulina disminuida a un cambio en el equilibrio de Th1 / Th2, a la liberación de mioquinas antiinflamatorias, a una acción sobre HSP, etc, por lo que se ha demostrado que el ejercicio físico no solo es seguro, sino que debería ser un factor imprescindible para el tratamiento de la mayoría de las enfermedades autoinmunes, incluyendo el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, las enfermedades inflamatorias del intestino (como la enfermedad de Cronhn), psoriasis y otras. Además, se ha encontrado que la incidencia de estas enfermedades es mayor en pacientes con menos dedicación a la actividad física/ejercicio físico.

Como tendencia general, los pacientes con enfermedades autoinmunes tienden a ser menos activos físicamente en comparación con la población general. Se ha encontrado que los pacientes con artritis reumatoide físicamente activos cursaban con una incidencia de enfermedad mucho más leve, un mejor perfil de enfermedad cardiovascular y una movilidad articular mejorada.

La actividad física/ejercicio físico disminuye la fatiga, mejora el estado de ánimo, las habilidades cognitivas, la movilidad, mejora en la calidad de vida y mejora perfil cardiovascular en pacientes con enfermedades autoinmunes. Los pacientes físicamente activos con diabetes  tipo 1 tienen un menor riesgo de neuropatía autonómica y enfermedad cardiovascular y ni hablamos de la prevención de la sarcodinapenia y los beneficios tanto funcionales como metabólicos de ello. Por otro lado, los pacientes con fibromialgia y esclerosis presentan una disminución de la gravedad de la enfermedad, dolor, así como una mejor calidad de vida con más actividad física. Además, mejoran su fuerza de agarre, estiramiento de los dedos y apertura de la boca con un mayor nivel de ejercicio.

 

Quedan muchas preguntas abiertas, sobre a todo a la hora de saber que intervención puede presentar los mejores beneficios, su estructuración y dosificación para la correcta prescripción es clave. Aún así, la evidencia se muestra contundente. Por tanto, y sin intención de ofender a nadie, solo decir que no hay más ciego que quién no quiere ver

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