El fútbol de élite actual presenta mayores demandas físicas durante el partido, así como un mayor número de partidos por temporada en relación al fútbol de décadas anteriores. Además, el estilo de juego moderno incluye más pases, más carreras con el balón, más cruces, etc, lo que colectivamente sugiere un aumento significativo del ritmo de los partidos (Strudwick AJ et al 2013). 

 

El número de partidos por temporada también ha aumentado, con clubes de élite que frecuentemente juegan más de 60 partidos competitivos durante una temporada. Los períodos de concentración de partidos (es decir, entre 1-3 partidos por semana) son comunes en el fútbol de élite actual y pueden complicarse aún más por problemas de viaje durante las competiciones europeas/mundiales y/o partidos con equipos internacionales, lo que lleva a una mayor fatiga de los jugadores de fútbol. Esto, combinado con una recuperación inadecuada, puede conducir a un bajo rendimiento y/o un mayor riesgo de lesiones (Oliveira et al 2017)

 

Los jugadores de élite realizan movimientos de baja intensidad durante más del 70% del partido, intercalados con aproximadamente 150–250 acciones intensas que incluyen carreras de velocidad máximas, giros y saltos, así como aceleraciones y desaceleraciones. Durante un partido de fútbol, ​​la fatiga puede ocurrir temporalmente después de períodos cortos e intensos durante ambas mitades y progresivamente hacia el final de cada mitad. Se ha descubierto que la distancia total y las actividades de alta intensidad disminuyen después de períodos de 5 minutos exigentes durante un partido y al final de la segunda mitad en comparación con la primera mitad (Mohr M et al 2003). 

 

En conjunto, estos hallazgos sugieren que, en un nivel de juego de élite, los jugadores experimentan fatiga hacia el final del partido y temporalmente después de explosiones intensas. En cuanto a las diferencias de posición, se ha demostrado que los centrocampistas recorren la mayor distancia durante el partido (aproximadamente de 12 a 13 km), mientras que los centrales han demostrado consistentemente que completan la menor distancia total (aproximadamente 10 km o menos). Con respecto a los sprint, los mediocentros y delanteros son los que cubren la mayor distancia durante el partido.

 

Debido a esto, se recomienda que los jugadores de fútbol tengan un físico ligero, es decir, con bajo porcentaje graso y una buena calidad muscular (buena relación músculo-grasa), sin embargo, a veces, el obsesionarse con un físico estético o buscar un peso concreto, es un componente meramente estético que incluso podría empeorar el rendimiento y aumentar el riesgo de lesión.

 

Por eso, generalmente los niveles de grasa corporal de los jugadores de deportes de equipo no son tan bajos como los que se encuentran típicamente en los atletas de resistencia como los corredores y los ciclistas (Reilly TSN et al 1990). El problema puede ser que en la actualidad, a veces prima más el componente estético de muchos jugadores sobre el rendimiento deportivo, lo cual puede poner el peligro la salud y aptitud del deportista, incluso llegando a veces a lo que conocemos como RED-S (Relative energy deficiency in sport). Exigir un físico extremadamente magro y estético puede ir en contra de la mejora del rendimiento, por lo que hay que mantener un correcto equilibrio, buscando la mejor composición corporal para cada jugador.

 

Lograr el máximo rendimiento durante el entrenamiento y la competición, mejorar y acelerar la recuperación, lograr y mantener un peso corporal y una condición física óptimos, y minimizar el riesgo de lesiones y enfermedades son cuestiones clave en el fútbol de élite contemporáneo. Aquí, la nutrición tiene un papel especial ya que la mayoría de los equipos de élite intentan proporcionar una dieta adecuada para garantizar el máximo rendimiento y garantizar una recuperación más rápida de los partidos y los entrenamientos.

 

Sin embargo, en cuanto a la nutrición de deportistas de élite, la cruda realidad es bien distinta, siendo que la teoría no siempre es bien extrapolada a la práctica. Veamos algunos ejemplos:

 

CARBOHIDRATOS

 

Los carbohidratos (CHO) se consideran de vital importancia en el deporte en general y en el fútbol en particular, ya que el glucógeno muscular es un sustrato predominante para la producción de energía durante un partido. Después de este tipo de esfuerzo, casi la mitad de las fibras musculares del vasto lateral se han clasificado como vacías o casi vacías en relación con su contenido de glucógeno (Krustrup P. et al 2006). Como tal, el agotamiento de glucógeno se cita comúnmente como un factor que contribuye a la fatiga progresiva observada hacia el final de un partido. Por lo tanto, los atletas deben adoptar estrategias nutricionales específicas para maximizar el contenido de glucógeno muscular y el rendimiento en momentos críticos del partido, mediante la manipulación de las necesidades diarias de carbohidratos.

 

Balsom PD. et al 2007 realizaron un estudio donde jugadores de fútbol masculino compitieron con una dieta alta en carbohidratos o baja en carbohidratos (65% frente a 30% de la ingesta diaria total de energía), diseñado para manipular las concentraciones de glucógeno muscular. Los investigadores encontraron que las concentraciones de glucógeno muscular previas al partido, después de la dieta alta en carbohidratos fueron significativamente más altas que después de la dieta baja en carbos. Pero lo más importante de esto, es que los jugadores realizaron significativamente más ejercicio a alta intensidad durante el partido siguiendo la dieta alta en carbos, sin diferencias observadas en las variables técnicas evaluadas. Esto significa que asegurar una completa repleción de los depósitos de glucógeno es clave para los futbolistas.

 

A pesar de todo esto, el deporte de élite no es ajeno a ciertas tendencias nutricionales actuales, que como siempre ocurre, son sacadas de contexto por “profesionales” de dudosa capacitación (a veces por no decir ninguna) o sin conocimientos en fisiología que no entienden de contextos. La mala información, hace que muchos deportistas sufran de “carbofobia” o miedo a consumir hidratos de carbono. Suele estar ligado al pensamiento de que les hará engordar o empeorar su salud, algo totalmente falso.

 

Por ejemplo, hay muchos deportistas de élite, que mal aconsejados siguen dietas bajas en carbohidratos o cetogénicas para mejorar su rendimiento o para mejorar su estética. Si bien es cierto que en ciertos periodos de la temporada, fuera de la competición se podría usar esta estrategia para la pérdida de grasa, hay que destacar que se trata de una opción que no será ni mejor ni peor que otras estrategias que induzcan un déficit calórico y una ingesta adecuada de proteína. Además, estrategias bajas en carbos o cetogénicas realizadas en fechas cercanas a la competición o durante la misma, pueden empeorar el rendimiento incluso aunque se hagan estrategias de reposición de carbohidratos. Los mecanismos responsables de la acumulación de glucógeno se atenúan como consecuencia de días sucesivos de ejercicio que agotan el glucógeno. Además, la actividad de la PDH (enzima clave en la obtención de energía glucolítica) cae a la baja con dietas bajas en carbos o cetogénicas, incluso con dos días de realimentación con dietas ricas en carbos.

 

Además, como demuestran Potgieter S.et al 2013, los atletas deben tener cuidado con las dietas altas en grasas (> 30% de la ingesta total de energía), ya que favorecer este nutriente puede ser a expensas de una menor ingesta de carbohidratos y tener efectos negativos en el rendimiento, sobre todo en momentos de alta intensidad.

 

Durante los períodos de alta frecuencia de partidos y/o entrenamientos, los atletas pueden ver comprometida su recuperación óptima de glucógeno muscular, lo que en última instancia puede conducir a un rendimiento individual general más bajo. 

 

Por tanto la manipulación correcta de los hidratos de carbono antes, durante y después de los partidos es clave. Sin embargo, unos datos interesantes fueron publicados por Zeevi D et al 2015 en un estudio. Los investigadores monitorearon continuamente los niveles de glucosa durante una semana en 800 sujetos, midieron las respuestas a 46.898 comidas y encontraron una alta variabilidad en la respuesta a comidas idénticas. En respuesta a la ingesta de un alimento determinado, algunos participantes pudieron ver una elevación significativa en sus niveles glucémicos, mientras que otros solo vieron un ligero aumento o incluso ninguno, lo que sugiere que las recomendaciones dietéticas universales pueden tener una utilidad limitada, es decir, que no todas las recomendaciones estandarizadas son óptimas para todos los jugadores, por lo que no se pueden tratar a todos por igual en cuanto a la planificación nutricional, siendo clave la individualización de cada jugador.

 

Para optimizar la recuperación, se debe evaluar la reacción de los atletas a diferentes alimentos ricos en carbohidratos, para seleccionar los que garantizan una respuesta glucémica e insulinémica rápida y grande. No obstante, los atletas también deben seleccionar alimentos (o bebidas) en función de sus preferencias y experiencia personales.

 

Otras tendencias nutricionales como el ayuno intermitente, también pueden causar problemas en el rendimiento, sobre todo si no se usan correctamente. Aziz et al, mostraron que futbolistas musulmanes durante el ramadán, a pesar de las similitudes en la ingesta dietética, las horas de sueño y las cargas de entrenamiento entre las condiciones, los resultados aún indicaron que el ayuno cen Ramadán tuvo un efecto adverso en el rendimiento intermitente prolongado. O Rebal et al, que mostraron que los futbolistas se ven obligados a reducir volumen de entrenamiento de fuerza durante el Ramadán.

 

Los datos actuales sugieren que el impacto del Ramadán sobre el rendimiento deportivo es pequeño, aunque puede ser suficiente para causar una pérdida de medallas. Los efectos negativos varían ampliamente con el tipo de deporte, la temporada en que se observa el ayuno, la cultura local y la disciplina ejercida por el atleta.

 

Es cierto que el ramadán es un protocolo diferente a los protocolos de ayuno intermitente, ya que entre otras cosas se restringe también la hidratación parcialmente, pero más recientemente, Levy et al 2019 mostraron textualmente en su revisión en relación al ayuno intermitente y el rendimiento deportivo: “En cuanto a los ejercicios de alta intensidad, resistencia y fuerza, los estudios han variado, pero son uniformes en demostrar que no hay ningún beneficio para el rendimiento deportivo durante el ayuno. Se necesitan más estudios a largo plazo para evaluar protocolos específicos de ayuno durante el deporte.”

 

MICRONUTRIENTES

 

Los micronutrientes (es decir, vitaminas y minerales) juegan un papel importante en el cuerpo porque muchos son precursores de varios procesos fisiológicos importantes. El ejercicio puede resultar en adaptaciones bioquímicas musculares que aumentan la necesidad de algunos micronutrientes.

 

Para garantizar una ingesta suficiente, se alienta a los jugadores de fútbol a consumir alimentos ricos en nutrientes. En circunstancias especiales, como los jugadores que evitan o eliminan grandes grupos de alimentos o que consumen dietas mal planificadas, la ingesta de micronutrientes puede ser subóptima.

 

En el fútbol, ​​se debe prestar especial atención al hierro, la vitamina D y los antioxidantes. Las vitaminas B (B1, B2, niacina, B6, B12, biotina, ácido fólico y ácido pantoténico), que tienen funciones cruciales en el metabolismo energético, tienden a consumirse en cantidades suficientes en jugadores de fútbol que satisfacen sus mayores requerimientos de energía a través de una adecuada ingesta dietética equilibrada.

 

En cuanto al hierro, Reinke et al observaron una proporción significativa (aproximadamente 30%) de deficiencia de hierro en jugadores de fútbol profesionales al final de la temporada.  Se especuló que la fatiga acumulada y el tiempo de recuperación inadecuado durante un período competitivo pueden predisponer a los atletas de fútbol a alteraciones del estado del hierro.

 

Los jugadores de fútbol con niveles bajos de vitamina D pueden ser más propensos a sufrir lesiones musculoesqueléticas y fracturas por estrés (Shuler FD et al 2012). Varios estudios evaluaron el estado de la vitamina D en jugadores de fútbol que viven en diferentes regiones y en diferentes épocas del año. La insuficiencia de vitamina D fue muy común en jugadores que viven en países de latitudes diferentes, por lo que es muy importante controlar sus rangos.

 

Aunque el requerimiento de vitamina D puede cumplirse completamente a través de la exposición a la luz solar, la vitamina D en la dieta también puede contribuir a promover un estado adecuado. La vitamina D se encuentra en la dieta a partir de alimentos como el pescado graso y las yemas de huevo, pero también en alimentos fortificados (por ejemplo, leche, yogur, cereales listos para el consumo), y se absorbe bien en asociación con los lípidos de la dieta.

 

La detección sistemática del estado de la vitamina D puede ser útil en el atleta. Si el examen de rutina no es posible, los atletas con baja exposición a rayos UVB, antecedentes de fractura por estrés, enfermedad frecuente, lesión ósea y articular, dolor o debilidad esquelética, o signos de sobreentrenamiento deben ser priorizados para la evaluación.

 

NUTRICIÓN DURANTE COMPETICIONES INTERNACIONALES

 

Los viajes internacionales y la residencia temporal en el extranjero son una característica común en el cronograma de competiciones de un atleta, sin embargo, las opciones de comida disponibles cuando están fuera de casa pueden influir en la dieta y potencialmente en su rendimiento. Un atleta necesita consumir alimentos y líquidos adecuados antes, durante y después de la competición para maximizar el rendimiento.  Hay muy poca evidencia disponible para determinar si los atletas cumplen con estas recomendaciones durante las principales competiciones internacionales.

 

Aunque parece haber una considerable variabilidad individual en la ingesta dietética, la mayoría de los estudios hasta la fecha muestran que los atletas tienden en promedio a cumplir las recomendaciones actuales para la proteína, pero no para los carbohidratos (vaya sorpresa…). Esto es particularmente evidente en las mujeres. Varios estudios han informado que la ingesta energética total también puede estar por debajo de los requisitos esperados, lo cuál empeora aún más el rendimiento.

 

En eventos importantes como los Juegos Olímpicos y de la Commonwealth, la mayoría de los atletas y su equipo de apoyo viven en una residencia de la aldea y cenan en un gran comedor comunitario. Se proporciona una amplia gama de alimentos de forma gratuita, 24 horas al día, durante competición. Si bien los datos recientes muestran que los atletas que asisten a estos eventos generalmente están satisfechos con la comida provista, los datos sobre la ingesta dietética real son limitados. 

 

Burkhat et al 2016 muestran que existe una considerable variabilidad en la ingesta dietética de estos atletas, pero informan que muchos atletas no llegan a sus requerimientos de energía total y de carbohidratos, ambos inadecuadas tanto para los requisitos básicos de salud como para el rendimiento deportivo. Además, sus resultados indican que muchos atletas no consumieron una dieta variada, y algunos atletas consumieron tan solo cuatro o cinco alimentos diferentes en un periodo de 24 horas. Si bien puede parecer que un atleta cumple con las recomendaciones de macronutrientes basadas en la ingesta cuantitativa, la variedad de alimentos que se consumen pueden no proporcionar una ingesta adecuada de micronutrientes, fibra y otros componentes de los alimentos.

 

En conclusión, es común encontrar que la ingesta de carbohidratos de los atletas de diferentes deportes en las competiciones no son suficientes para cumplir con las recomendaciones actuales para el rendimiento físico y / o mental. 

 

Es posible que esto pueda estar relacionado con la falta de orientación de un profesional sobre la ingesta dietética, ya que Burkhat et al 2016 encontraron que solo 5 de los 26 atletas informaron haber recibido asesoramiento dietético por un nutricionista antes del evento. Además, el conocimiento nutricional de estos atletas fue calificado como pobre por los dietistas que los asesoraron: “Claramente, algunos atletas tenían una ingesta dietética y un conocimiento nutricional deficientes, y una falta de variedad en su dieta. Esto puede colocar a los atletas en mayor riesgo de enfermedad, particularmente cuando se combina con el estrés de viajar y competir en un país extranjero”

13 Comments

  1. Cristina 03/02/2020 at 16:07h - Reply

    Muy buen artículo. Gracias

    • Ismael Galancho 12/02/2020 at 19:23h - Reply

      Gracias a ti

  2. Gerardo 03/02/2020 at 17:08h - Reply

    En Bolivia se juega al fútbol en diferentes latitudes a nivel Del Mar con partidos cada 72 horas la ingesta de hidratos de carbono y vitaminas y proteínas sería más o menos complicado en una persona que entrena a 2.500 metros sobre el nivel Del Mar y tiene que jugar en 72 horas un partido a 3.600 mts sobre el nivel Del Mar y 72 horas después a 500 metros sobre el nivel Del Mar ?

    • Ismael Galancho 16/02/2020 at 10:54h - Reply

      No hay diferencias significativas

  3. Adrián 27/07/2020 at 15:49h - Reply

    Muy buen post! Cuando mencionas esa deficiencia de hierro al final de temporada podría ser extrapolable a otros deportes como el fitness? Como que durante una etapa de definicón o después de un alto volumen de entrenamiento esos niveles se vieran alterados a la baja?

  4. Jordi 20/09/2020 at 23:14h - Reply

    Gracias por tu post

  5. Gehu Lazo 20/09/2020 at 23:30h - Reply

    Buen post

Deja un comentario

Quizás también pueden interesarte los siguientes artículos

Últimos artículos

Suscríbete a mi Newsletter

Recibe todas las novedades.

Últimos artículos del blog, promociones exclusivas, últimos cursos disponibles y mucho más.