Aunque ya en 1985, el Doctor Capersen, el Doctor Powell y el Doctor Christenson hacían la importante distinción entre los conceptos “Ejercicio físico” y “Actividad física”, todavía es muy común ver a día de hoy una tremenda confusión entre ellos, utilizándolos indistintamente aún siendo términos que aluden a conceptos diferentes.

La actividad física se refiere a cualquier nivel de actividad por encima del descanso y estar sentado que resulta de la activación del músculo esquelético y conduce al movimiento ya un aumento en el gasto energético. Es una actividad realizada de forma espontánea durante nuestra vida que representa un gasto energético importante y mayoritario. La actividad física en la vida diaria puede clasificarse en actividades ocupacionales, deportivas, condicionales, domésticas u otras.

El ejercicio es un subconjunto de la actividad física que está planeado, estructurado, es repetitivo y tiene como objetivo final o intermedio la mejora o el mantenimiento de la aptitud física (y yo diría psíquica también). El entrenamiento o ejercicio debe estar definido por una dosis prescrita y adherente (es decir, modo, intensidad, volumen / duración, frecuencia) de esfuerzo o trabajo.

La correcta comprensión y distinción de estos término es fundamental,. Pero también lo es la distinción entre «comportamiento sedentario», “inactividad física” y lo que conocemos como “non-exercise activity thermogenesis” (NEAT) según Stensel et al (2016) . El comportamiento sedentario puede definirse como «cualquier comportamiento de vigilia caracterizado por un gasto energético mínimo mientras se está sentado o tumbado». El término «inactivo» se suele usar para describir individuos que están realizando cantidades insuficientes de actividad física de intensidad moderada a intensa (es decir, no cumplen con las pautas específicas de actividad física). NEAT es la energía gastada para todo aquello que hacemos en nuestra vida diaria que no es dormir, comer o hacer deporte. Va desde la energía gastada caminando hasta el trabajo, mecanografiando, realizando trabajos en el jardín, emprendiendo labores agrícolas, etc (Levine 2002).

 

Así mismo, tampoco es lo mismo como se distribuya dicho comportamiento sedentario a lo largo del día, pues ello va a condicionar mucho el cómo ese comportamiento sedentario va a influir en nuestra salud y el riesgo de muerte.

Quizás NO basta o no se trata de entrenar 50 o 60 minutos al día (ejercicio físico) y luego estar todo el día tumbado en el sofá (sedentarismo) puesto que dependiendo de la frecuencia, volumen e intensidad del entrenamiento (si son bajos) puedes no llegar a un mínimo de actividad suficiente para mejorar tu condición y salud (inactivo), y el hecho de pasar muchas horas sentado va a aumentar sustancialmente el riesgo de enfermedad y muerte de forma independiente, incluso aunque hagas ejercicio físico.

Por lo tanto, aumentar tu actividad diaria (actividad física) y reducir el tiempo que estás sentado o tumbado (sedentarismo) se muestra crucial para la mejora de la salud y la prevención de enfermedades.

¿Y qué hago si soy oficinista, secretario, informático o cualquier otro trabajo en el que tengo que pasar horas sentado?

Es fácil: Has ejercicio físico, ten un ocio activo y rompe el tiempo de sedentarismo cada cierto tiempo (cada hora por ejemplo) simplemente levantándote, moviéndote y activándote, ya que romper ese tiempo de sedestación, ha demostrado reducir sustancialmente el riesgo de enfermedad

 

Además existe una asociación entre niveles bajos de actividad física (y / o altos niveles de “comportamiento sedentario”) y el riesgo de sobrepeso y obesidad. El estudio de Levine et al. (2005) es particularmente interesante porque observó niveles mucho más altos de NEAT en un grupo de individuos magros que en un grupo de individuos obesos. Esto demuestra la complejidad del problema.

 

Si el NEAT es subconscientemente reducido en respuesta a una intervención de ejercicio o una prescripción dietética, claramente esto podría reducir o incluso anular cualquier pérdida de peso que propiciase la intervención de ejercicio o nutrición. Tras una intervención de ejercicio y/o dietética para la pérdida de grasa, puede haber una serie de compensaciones conductuales que pueden reducir la cantidad esperada de pérdida de peso después de dichas intervenciones, El hecho de que tras un tiempo de restricción calórica moderada/severa disminuya la pretensión por realizar actividad física y por tanto reducir en NEAT haciéndonos cada vez más víctimas del de sofá y TV, convierte este proceso en un círculo vicioso de reducir calorías y quemar menos, lo que lleva al estancamiento y fallo en el progreso de muchas intervenciones dietéticas/restricciones calóricas que no tienen en cuenta este hecho.

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